Las
comunidades afrocolombianas no son culturalmente homogéneas
y podemos hablar de una gran diversidad, de diferencias
culturales importantes a nivel regional. Así,
los afro colombianos de San Andrés y providencia
presentan diferencias importantes con respecto a los
afro colombianos del Pacífico, dentro de la misma
región del pacífico se ven grandes diferencias
culturales entre el norte y el sur. (*)
Sus comunidades
tradicionales presentan ciertas características
comunes: son comunidades agrarias ubicadas generalmente
en las partes bajas de los ríos y en las costas
de zonas cálidas y/o selváticas, cuyas
actividades productivas tradicionales han sido la minería,
la pesca, la caza, la recolección y la siembra
de productos de pan coger (maíz, plátano,
yuca, frutas) en pequeñas parcelas. Han desarrollado
unas prácticas culturales particulares que las
distinguen como un grupo étnico "diferenciado",
con sus rasgos propios de identidad, etnohistoria, organización
social, estructura de parentesco, modos y prácticas
tradicionales de producción, de ejercicio de
una territorialidad y apropiación de instituciones
políticas, además de una cosmovisión,
espiritualidad y pensamiento propios que redefinen la
complejidad del mundo afro.
Una de las
manifestaciones claras de identidad cultural de las
comunidades negras del Pacífico es su particular
visión y concepción mágico-religiosa,
presente en sus relaciones sociales, en sus relaciones
con la naturaleza, con el universo, con los espíritus
y lo sobrenatural. Su visión religiosa es la
resultante de un proceso profundo de de-construcción
de sus paradigmas autóctonos de identidad como
africanos y la recreación de una nueva visión
cultural que exigió la adaptación de otras
costumbres, de otras condiciones de vida, mediante procesos
de sincretismo, reinterpretación y transculturación.
Esta particular
visión mágico-religiosa, hereda de la
tradición africana muchos aspectos referentes
a la salud y la enfermedad y recoge los conocimientos
indígenas sobre el poder curativo de las plantas
y los métodos para combatir la enfermedad. Integra,
además, el aporte cristiano con sus santos y
todo su imaginario, así como las prácticas
mágicas de las brujas castellanas en sus series
de oraciones y conjuros, contribuyendo a la ampliación
del sistema simbólico curativo y del sistema
simbólico general. Encontramos así, en
la curandería de los negros del Pacífico,
una influencia africana, indígena y también
europea.
En el marco de esta visión mágico religiosa,
la naturaleza, el territorio es un escenario ritual con
connotaciones no sólo naturales sino también
culturales. La selva, el monte, el río son espacios
habitados por los espíritus, las divinidades y
los ancestros. Allí están presentes las
fuerzas naturales y sobrenaturales con quienes es preciso
mantener un diálogo, a quienes hay que tener en
cuenta y pedir su permiso a la hora de intervenir.
"Entre
los negros existe una relación fundamental entre
la vida de los seres de la naturaleza y los seres sobrenaturales
que viven en la misma naturaleza, es decir una relación
entre un mundo mítico espiritual y un mundo natural
y cultural, que es mediado por un curandero de la comunidad,
que a través de sus actos mágicos que
manipulan las plantas y los animales para fines curativos
y maléficos, crea todo un ambiente de representaciones
simbólicas y metafóricas ritualizadas
a fin de ejercer un puente de comunicación y
diálogo entre los afrocolombianos, su entorno
y su cosmogónica" (Sánchez, 1997).
Así, el territorio para el afro colombiano es
un espacio básico para el ejercicio del ser,
de la esencia vital que configura el desarrollo de los
hombres y mujeres negras en un hábitat que ancestralmente
ha sido apropiado y donde se ha desarrollado un proyecto
de vida cultural, social, ambiental, político,
demográfico, económico y sobre todo espiritual
desde una perspectiva particularmente étnica,
y dentro de una lógica completamente opuesta
a la occidental que basa relación con la naturaleza
en la explotación y el dominio de la misma.
Existe una forma de conciencia
religiosa-ambiental, dada milenariamente entre los indígenas
y comportada también por los negros del Pacífico,
que ha permitido la conservación del ecosistema
a partir del desarrollo de una serie de técnicas,
saberes y manejos que combinados con las simbolizaciones
y las concepciones mágico- religiosas producen
una sui géneris práctica de explotación,
determinada por la combinación pensamiento religioso-pensamiento
ecológico. Es decir que, mas allá de una
serie de conocimientos técnicos, botánicos
y agrológicos, lo importante es el conjunto global
de concepciones ecológicas mediadas por una cosmovisión
y un entramado religioso que le permite explotar sosteniblemente
los recursos naturales y socializar la selva" (Sánchez,
1997).
"La
religiosidad y la música fueron dos armas eficaces
para sobrevivir a la tragedia de la esclavización,
la trata, la colonización, el racismo, la segregación
y el prejuicio racial." La música, el baile
y el canto fueron importantes como elementos de catarsis,
de unidad, de identidad y de resistencia. Música
y religiosidad están íntimamente relacionados.
En el ámbito americano, el descendiente africano
recreó y transformó distintas religiosidades
europeas y de este continente, con esta táctica
encontró los soportes emocionales que le permitieron
hacer más llevadera la sujeción o sirvieron
como fuente de inspiración en la causa rebelde.
Tal es el caso de Haití, donde el vudú
jugo un rol vital en el triunfo de la guerra de independencia.
(*)
En América
encontramos sistemas religiosos provenientes de África
como el Dahomeyano, Congo, Angola, Yorubano, los cuales
también tienen la influencia del Islam. Posteriormente
se incorpora también la influencia del cristianismo
y de la religiosidades indígenas. En Cuba, Brasil,
Haití y las Antillas se lograron desarrollar
sistemas religiosos con una notable transferencia de
las características religiosas propias de grupos
africanos, constituyendo religiones muy populares como
la Santería o Regla de Ocha, la Regla de Palo
Monte, la Sociedad Secreta de los Abakúa o de
los Gnagnigos, el rastafarismo, el Vudu, el Candomblé,
la Umbanda. Entre los negros colombianos en cambio,
el proceso de adaptación no exigió muchas
retenciones sino mas bien una remodelación institucional
de aportes de varias religiones, tanto católicas
como africanas e indígenas, a excepción
del palenque de San Basilio donde se fortalecieron ceremonias
africanas de corte fúnebre como el Lumbalú,
lo que evidencia un fuerte sincretismo.
La religión
de las comunidades negras de las tierras bajas del Pacifico
está básicamente constituida por un conjunto
de creencias ligadas a la práctica católica.
Los fieles solicitan principalmente protección
frente a la enfermedad y las desgracias que aparecen
como castigos sobrenaturales que deben ser conjurados
con sacrificios y ofrendas, a los santos católicos
o a las divinidades ancestrales mimetizadas por el sincretismo
religioso africano-católico. En la mayoría
de los temas y cantos religiosos (arrullos, alabaos,
fórmulas de hechicería y magia) aparece
la intervención de los santos a favor de sus
fieles adeptos o el castigo de las divinidades para
los que las olvidan (Sánchez, 1997). En realidad
resulta difícil construir una teología
sobre las representaciones a la vez variadas, fragmentadas
y contradictorias que los pobladores del Pacífico
se hacen del mundo sobrenatural, del otro mundo y sus
relaciones con la vida cotidiana y, mas aún,
no se pueden conciliar las enseñanzas de la iglesia
católica misionera adoptadas por los creyentes
con las tradiciones sobre dioses y espíritus,
referidas a un contenido típicamente africano
o indígena.
Según
el pensamiento tradicional los fenómenos naturales
y los objetos están íntimamente asociados
con Dios y los espíritus ancestrales. Por ello,
lo físico y lo espiritual son dos dimensiones
del mismo universo. La práctica médica
tradicional de los curanderos y de los herbolarios negros
del Pacífico colombiano han participado desde
sus comienzos de esta naturaleza. Las imágenes
del mundo sobre causalidad de las enfermedades y salud
de estas comunidades del Pacífico se relacionan
con: la mala alimentación, el agua (la frialdad
hace que las personas se enfermen), el aire (el cuerpo
también puede coger frialdad del aire), Colino
(Platanal y cultivo de árboles frutales) el colino
es frío, el cuerpo puede allí coger frío;
el jai, es un maleficio que le mandan a las personas,
son espíritus malignos en forma de animales o
dolores, que también se pone en las comidas o
vestidos.
Otras causas de enfermedad
son las condiciones de trabajo, el mal humor de algunas
personas (mal de ojo). La ira de Dios, el rebote de los
siete humores (sangre, orina, bilis, sudor, resuello,
evacuación y saliva). La influencia de un enemigo
poderoso. Hoy los afros del Pacífico enfrentan
la enfermedad con la medicina de occidente, pero si ésta
no cede recurren a sus fórmulas tradicionales de
etno botánica (baños, tomas, pócimas,
baos) empleadas por abuelos y abuelas. Y si esto no es
suficiente recurrirán también al curandero
o hierbatero, quien mediante oráculos como la Vista
de Orina y la lectura del tabaco, entre otros procedimientos
adivinatorios, buscará predecir la causa del maleficio
para lograr "destramarlo". En el Pacífico
se dan muchas formas de prácticas mágicas:
mediante rezos, oraciones se pueden enviar maleficios
a las personas y causarles mal, dolores, locuras, mala
suerte (salar), ruina y enfermedad. La magia también
se usa para el enamoramiento, para el sometimiento del
cónyuge, para la buena suerte, para el enriquecimiento,
etc.
Las
comunidades negras manejan abundante información
y conocimientos sobre el ambiente de la selva tropical
húmeda del Pacífico, sobre su fauna y
flora, sobre técnicas apropiadas al ambiente
selvático y ribereño, sobre las complejas
estructuras de parentesco, las relaciones de reciprocidad
entre los miembros de la familia extensa, de los co-residentes
y de las formas de cooperación doméstica
en las labores de producción, sobre los ritos
mágico-religiosos, prácticas curativas
y de prevención de las enfermedades.
El curandero tradicional tiene una función de
utilidad en el estado actual de la organización
social de las comunidades afro del Pacífico:
Es la persona reconocida por la comunidad como competente
para atender la salud mediante el empleo de productos
vegetales, animales y minerales o el uso de otros métodos
de origen social, cultural y religioso basados en los
conocimientos y creencias de la comunidad sobre el bienestar
físico, mental y social, el origen de la enfermedad
y la causalidad inmersos en distintas dimensiones del
mundo. La medicina tradicional está compuesta
sólo por técnicas y prácticas,
sino también por un sistema de creencias y valores.
Existe una amplia y tradicional práctica de curandería
por parte de los afrocolombianos del Pacífico
con una notable huella africana y aborigen. Dentro de
estas prácticas de curandería están
tanto la habilidad de curar como la de enfermar, embrujar
o causar el mal, por lo que resulta una amplia gama
de prácticos: curanderos, brujos hierbateros,
sobanderos, adivinadores, curadores de culebra, exorcistas.(*)
El curandero
en el Pacífico conoce a la perfección
los entramados de la geografía natural en medio
de la cual conviven, transforman y desarrollan todo
un tejido social y cultural que históricamente
han establecido a manera de estrategia de adaptación,
donde crean una serie de sistemas, instituciones, imaginarios,
relaciones sociales, de producción y una complejidad
de rituales y esencias simbólicas que permiten
determinar las características culturales y étnicas
de los grupos negros del Pacífico (Sánchez,
1997).
En 1610 la bruja y el curandero
negro sufrieron la persecución de la Santa Inquisición
en Cartagena. El curandero era un peligro para la empresa
de la dominación, atentaba contra la hegemonía
colonial blanca que encontraba en la curandería
un poder no sólo espiritual sino político
y económico; el curandero representaba la posibilidad
de la liberación del yugo y la retoma de un liderazgo
ancestral que podría encaminar a los esclavizados
hacia proyectos de cimarronismo
y palenques (Sánchez, 1997).
En comunidades
cercanas a Guapi, rezar no parece ser algo que convoque
mucho a la comunidad, en cambio el canto sí es
un elemento clave en su forma de relacionarse con Dios.
Toda su cotidianidad está llena de canciones,
cantan en todas partes y a cualquier hora, solos y acompañados
y en sus cantos hay de todo: amor, pasión, alabanza
a Dios, despecho, protesta, como expresión de
que se existe, se está vivo y hay que manifestarlo.
"Aunque pareciera ser un dato elemental me parece
que a las labores normalmente duras de la vida las va
acompañando un ingrediente lúdico que
va haciendo mas sencillos y manejables estos trajines.
Entre risa y risa, canto y canto se hace un proceso
de adaptación que le ha permitido al negro del
Pacífico sobrevivir en las circunstancias más
adversas. La música, el baile y el canto son
un elemento fundamental dentro del mundo religioso ribereño.
(*)
El investigador
Marulanda plantea como una característica particular
de los afro la relación entre juego, cotidianidad
y religiosidad: el juego en un contexto religioso, tal
como la costumbre de jugar Bingo o Dominó en
días de semana Santa como el Viernes Santo; el
juego como ritual. "Así el mundo religioso
aparece como un conjunto sistemático que no sólo
regula las relaciones con lo trascendente, sino que
la religión además se juega y debate en
la vida cotidiana y se expresa a través de ritos,
cultos, oraciones, códigos ético morales
y sacrificios, todos estos con un sentido común
de identidad y comunidad. En este sentido el mundo de
lo religioso se ubica en el terreno de las relaciones
sociales cotidianas, está inmerso en las realidades
cotidianas, de tal modo que se hace imposible pensarlas
sin él, y se presenta como una práctica
concreta, que no pretende establecer relaciones con
el otro mundo, sino que actúa y ejerce su influencia
en el terreno de lo cotidiano, consolidando acciones
encaminadas a la estructuración de una "utopía
terrenal" que pretende variar el ritmo de las relaciones
existentes".
En
esta religiosidad de los afrocolombianos hay que mencionar
también la unidad entre religiosidad-fiestas
religiosas y paganas. Una fiesta como la Semana Santa
determina todo el ritmo de vida de muchas de las localidades
que la celebran; es el caso de Coteje, poblado sobre
el río Timbiquí en el Cauca. "El
significado y uso social de la Semana Santa para los
cotejanos es múltiple: Semana Santa es historia,
es ayuno, recogimiento, es compartir. Es un acontecimiento
que facilita la comunicación al interior del
grupo, contribuye a que se reafirmen los vínculos
sociales, al mantenimiento de la solidaridad del grupo,
a que se solucionen los conflictos latentes y a dinamizar
la economía ribereña. Ayuda además
al fortalecimiento de su identidad y fortalece su autoestima.
También se podría decir que la fiesta
cumple una función catártica en los emigrantes,
ellos se sienten bien. Es un tiempo espacio de vivencia
de lo sagrado y de ruptura con lo cotidiano, de gran
vitalismo y de recreación estética y ritual.
En tanto que fiesta no sólo es un archivo de
tradición, conocimiento y creencia, también
desarrolla un drama folclórico que transmite
toda una serie de elementos simbólicos (mensajes
y significados) que combinan ideas morales y sentimientos
religiosos. Es un teatro de evangelización en
tanto que es usado como medio de comunicación
social que sirve fundamentalmente para expresar y recrear
el mensaje religioso (y la moralidad del grupo). Es
una tradición que se renueva, que no permanece
estática, que como toda fiesta comporta elementos
tradicionales y modernos estos últimos tomando
por momentos formas carnavalescas y al mismo tiempo,
constituye una respuesta creativa estética, teológica
y cultural de los cotejanos de Timbiquí frente
a las condiciones concretas de su devenir histórico".(*)
En el Chocó, en los
caseríos, es costumbre tener su propia virgen y
la fiesta para ella. La sacan a pasear por el río
juntando varias canoas formando "Balsadas",
o en balsas formadas por trozas de madera. Ejemplo de
esto es la Virgen de la Pobreza de Boca de Pepé,
río Baudó. (*)
Carnaval,
política y religión. Fiestas en el Chocó
"El viejo Hegel decía que si la realidad
nos parece irracional, para comprenderla necesitamos
inventar conceptos irracionales. Senda difícil,
con frecuencia inquietante. Pero la fiesta es inquietante.."
(*)
"Con luna llena baila
toda Africa". (*)
Por: William
Villa
Es tiempo
de carnaval; suena la tambora, el clarineteo no agota
su melodía, las chirimías reclaman los
cuerpos para la danza y en todos los pueblos la gran
familia afrochocoana despierta para la fiesta. Es el
mes de Agosto y la danza que ya se inicia no ha de terminar
hasta octubre.(*)
Las puertas
de las iglesias se abren y los Santos engalanados con
sus mejores joyas salen a recorrer poblados. Se les
ve en la calle, en el barrio, en la vereda y en el río
sobre la balsa cargada de flores y frutos. En Tadó
a orillas del río San Juan la Virgen de la Pobreza
instaura un nuevo orden donde todas las teatralizaciones
pueden ocurrir; el escenario del teatro es la calle
y el pueblo danzante se convierte en actor.
Miren que
bonita la vienen bajando, es la Virgen de las Mercedes,
ya llega por el río San Juan, balsas multicolores
la acompañan y toda Istmina ha salido a esperarla.
Todo el San
Juan de Santos se va llenando y la celebración
no quiere acabar. En Nóvita, San Jerónimo
invita a que los niños se pongan sus mejores
trajes y a que las mujeres exhiban aquellos peinados
africanos donde líneas de finas trenzas se combinan
en infinitos trazos. En Condoto, como en todos los pueblos,
las comparsas día tras día salen a representar
su obra teatral; en el último día de fiesta
sale Nuestra Señora del Rosario. La acompaña
todo el pueblo y la danza da paso a la oración.
Los franciscanos querían hablar de San Francisco
de Asís a los indígenas. En el año
de 1648 fundan a Quibdó. Los indígenas
que no querían conocer de esa extraña
liturgia se resisten: toman el camino de la guerra.
San Francisco finalmente se va quedando con los negros,
luego le comienzan a llamar San Pacho, se va olvidando
de Asís y es tan sólo de Quibdó.
Sale San Pacho
a las calles de Quibdó, se le encuentra al frente
de cualquier casa, a la vuelta de la esquina, en todos
los barrios; ahí está exigiendo su cuota
en dinero para la celebración. Pero San Pacho
no sólo pide, el ha salido a contener el fuego
que amenazaba con destruir a Quibdó, él
no ha olvidado a su gente cuando la salud se quebrante,
ni ha dejado de castigar cuando el pueblo así
lo merece.
(Para
ver completa esta información, visite nuestro
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