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"En cuanto a las aldeas del Chocó, la gran
homogeneidad física, cultural y social de la
región se manifiesta en unos prototipos de asentamientos
y viviendas que presentan pocas variaciones morfológicas,
tecnológicas y estéticas e igualmente
en una serie de cualidades y carencias que se repiten
en la mayoría de los poblados y de las casas.
La estructura y el patrón de los poblados es
el caserío lineal típico, que expresan
los nexos simbióticos que se dan entre el río,
la selva y las áreas de producción y residencia.
Existen unos códigos tácitos de uso y
manejo del espacio surgidos de las prácticas
cotidianas y apoyados en la tradición, en acuerdos
mutuos y en el sentido común". Una de las
particularidades o singularidades de estos poblados
fluviales del chocó es la generosa proporción
de las zonas de vocación colectiva (75% de la
superficie ocupada por la aldea), en relación
con las zonas de estricto dominio privado que viene
a ser la menor proporción. Así la noción
de espacio compartido y una máxima socialización
del suelo "urbano", priman sobre los intereses
individuales. Por lo menos esto es lo que buscan los
fundadores y vive el momento inicial de los poblados,
pues con su desarrollo y crecimiento, ya sea por el
crecimiento poblacional, por su mayor complejidad económico
social o por intereses de foráneos estos espacios
públicos se empiezan a mermar, así como
las pautas de diseño y estructuración
de los caseríos sufren alteraciones y se producen
patologías que reducen la calidad de estos."
(*)
La vivienda
campesina chocoana evoluciona conjuntamente con la producción
agrícola y el crecimiento demográfico
de la familia. Tienen prácticamente dos viviendas:
una de carácter provisional, llamada el "trabajadero",
hecha con hojas, esterillas de palma y horquetas proporcionadas
por el monte; y otra más estable -pero igualmente
sencilla- que consiste en un cuadrilátero multi-funcional
cubierto con hojas de palma procesadas, láminas
de zinc o teja asfáltica, encerrada por paredes
de palma abierta. Es una vivienda adaptada a las condiciones
del medio natural y a medida que la cosecha o la familia
requieren de nuevos espacios se van adicionando agregados
posteriores, laterales o frontales, o cobertizos separados.
La vivienda se organiza y desarrolla diferenciando espacialmente
las actividades residenciales y productivas: se amplían
las cubiertas o aleros para guardar las cosechas, o
se hacen más cuartos para la familia; así
el interior se va prolongando en el entorno inmediato
con la marranera, el gallinero, el trapiche, el secadero
de arroz, cacao o pescado, el embarcadero-lavadero y
los cobertizos para los productos agrícolas.
De la vivienda
rural a la vivienda urbana se presentan grandes cambios,
sobretodo en el tamaño: la parcela (de una hectárea
o más); el solar cultivo (casa 20 por 40, huerta
frutales, gallinero, cultivo de caña, plátano,
etc); el solar huerta (casa 10 por 20, huerta); el solar
patio (casa 8 por 15, patio); el lote urbano (7 por
15). Estos cambios espaciales van ligados a la vida
productiva de la familia.

La vivienda tradicional
es aquella construida en techo de paja, que usa pilotes
altos en guayacán y palmas resistentes al agua.
Ahora la tendencia y la aspiración individual y
colectiva del ribereño es tener el techo de zinc
o asbesto-cemento (techo en hierro o eternit); se aprecia
la sustitución progresiva de los materiales propios
y sin transformar por materiales de procedencia industrial
y maderas cortadas en empresas locales artesanales. Según
Mosquera, "en los centros comarcales mejoran las
condiciones del hábitat pues ya existen algunos
servicios públicos e institucionales elementales,
dominan las cubiertas de zinc y las tablas aserradas,
hay una búsqueda de efectos ornamentales y de elementos
de diferenciación de las casas entre si".
Por razones de prestigio familiar se han ido sustituyendo
los pilotes altos en guayacán por pilotes bajos
de concreto o losas de en cemento, olvidando la necesidad
de protegerse contra las inundaciones y la humedad permanente
del suelo.
Los cambios
en la vivienda y adiciones generalmente se hacen por
etapas, mediante lo que podría llamarse un sistema
de autoconstrucción espontánea que logra
soluciones pero también plantea problemas: permite
resolver las necesidades más urgentes de espacio
y efectuar en su momento las reparaciones necesarias,
pero como no sigue un plan y responde a los apuros de
cada momento, o a la necesidad de diferenciarse en su
fachada, el resultado es el deterioro de la calidad
ambiental y arquitectónica de la vivienda y los
poblados. De todos modos en el proceso de adición
de espacios a la vivienda se da también la especialización
de estos y surge la ornamentación de las fachadas
con pinturas, rejillas y calados de ventilación,
puertas, barandas y ventanas trabajadas, evidenciando
su imaginación creativa. Estos símbolos
son prácticamente los únicos elementos
decorativos de la arquitectura doméstica en el
Chocó y expresan el proceso de diferenciación
individual, familiar, laboral y social que han introducido
actividades económicas comerciales tales como
cantinas, bailaderos, tiendas y graneros, o la presencia
de algunos servicios y administraciones gubernamentales.
Es decir, la transformación en la vivienda aparece
como una respuesta a nuevos patrones de consumo, distinción,
diferenciación social y expresión cultural
que busca resolver problemas prácticos de ventilación
e iluminación pero también responde a
una nueva estética (Mosquera, op. cit.)
.Sin
embargo, esta diferenciación no es lo más
generalizado: lo característico de estas viviendas
es
su estado de deterioro y vejez. Afectadas por las inundaciones,
la humedad los detractores biológicos e insectos
que actúan persistentemente sobre maderas y materiales
vegetales usados sin ningún tratamiento, las
viviendas han de construirse una y otra vez reutilizando
los materiales que resisten el paso del tiempo. En contraste
con la fachada, el interior de la vivienda carece de
decoración. Así, en un pueblo o en una
misma casa, coexisten las formas de construcción
más autóctonas y antiguas con las formas
más modernas, influenciadas por la arquitectura
de los polos urbanos regionales. (Mosquera, op. cit.).
En cuanto
a la tipología de vivienda podemos hablar de:
la vivienda autóctona, la vivienda tradicional
y viviendas híbridas/ combinadas o en transición.
Vivienda
autóctona:
Hecha con los materiales que proporciona el medio: palma,
palos, guadua).
Tiene las siguientes características:
Portante: pilotes madera rolliza o labrada.
Estructura: madera rolliza.
Cubierta: madera rolliza, varetas, cintas.
Pisos: madera rolliza, esterilla de palma.
Cerramientos exteriores: esterilla en palma
Divisiones: esterilla en palma.
Techo: hojas de palma.
Cielo raso: no lo hay.
Maderas usadas: Alisal, Corobá, Guayacán,
Abarco, Cedro, Palma Chapín, Barrigona, Quitasol.
Vivienda
tradicional: Hecha
con materiales del medio que tienen alguna transformación,
como por ejemplo la esterilla en barro. Tiene como características:
Portante: todo en madera aserrada o rolliza.
Cerramientos: con tablas aserradas.
Techo: Zinc.
Acabado: pintura, a veces.
Vivienda
híbrida-combinada o transicional:
Combina materiales del medio transformados, con materiales
modernos como cemento, zinc, asbesto y cemento. Sus
características principales son:
Portante: pilotes en madera aserrada o labrada.
Estructura: madera aserrada y rolliza.
Cubierta: madera aserrada y rolliza.
Pisos: madera aserrada y rolliza.
Cerramientos exteriores: tabla aserrada, esterilla.
Divisiones: tabla aserrada o esterilla.
Techo: palma, zinc, o combinados ambos.
Pisos: tabla aserrada, mezclada con palma.
Cielo raso: tabla aserrada, a veces.
Acabados: pintura, a veces.
En las aldeas
predomina la vivienda híbrida o en transición.
En las Zonas urbanas como Quibdó la tendencia
es hacia la vivienda de concreto, cemento, ladrillo,
y techo en zinc. Se observa también una combinación
de la vivienda palafítica con la vivienda en
piso (éstas últimas aunque se presentan
en zonas más secas, no están libres de
las inundaciones y la humedad del ambiente).
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